EL ENGAÑO DE LAS NAVES DESMONTABLES.

Muchos vendedores de naves van haciendo creer a los clientes que las naves desmontables o las estructuras metálicas desmontables son perfectas para levantar nuestras construcciones sin la necesidad de solicitar una licencia o permiso municipal…, pero esto es un engaño total y absoluto.

La LOE.- “Ley de Ordenación de la Edificación” obliga a que todo tipo de edificaciones, bien construidas en pueblos, ciudades, zonas industriales o en mitad del campo, deberán tener su correspondiente proyecto y licencia de obra necesariamente, obligatoriamente, con lo cual el técnico que según la Ley es necesario contratar para redactar nuestro proyecto y llevar la dirección de la obra, deberá preocuparse y responsabilizarse de saber y conocer la normativa urbanística de nuestra localidad y de nuestra comunidad autónoma, sea cual sea el lugar dentro de la misma donde deseemos levantar nuestra nave ganadera, agrícola o industrial. Les aseguramos que ya no existe ninguna comunidad autónoma que no haya regulado las naves prefabricadas desmontables.

Muchos vendedores dedicados a despachar naves prefabricadas de estructuras desmontables, que no tienen conciencia ninguna con tal de vender al agricultor o al ganadero su nave, como el que vende patatas o huevos, están haciéndole que crea usted, que con su producto nave desmontable no es obligatorio pedir licencia ni tener un proyecto. Falso totalmente.

Hace unos años todavía no estaba regulada esta práctica, y había por tanto una mayor libertad para todo, pero esto ha cambiado totalmente, pues las administraciones públicas y las haciendas locales, en su necesidad de recaudar más impuestos, y no en el espíritu de proteger el medio ambiente, ya no son tan desconocedoras de esta práctica, ya no miran para otro lado, y ante la abundancia de construcciones de estructuras metálicas desmontables o naves prefabricadas desmontables, han procedido a legislar la regularización de dichas construcciones como si fueran construcciones fijas, es decir, tratándolas como construcción de naves normales estáticas y permanentes. Incluso las Comunidades Autónomas regulan ya en cada región o provincia este tipo de instalaciones. No hay que dejarse confundir por los empresarios sin escrúpulos, pues pícaros los hay en todos los sectores.

Si les compra usted la nave amparándose en esta promesa, puede encontrarse con un problema a la hora de una inspección por parte por ejemplo del SEPRONA o guardias rurales, que a buen seguro detectarán su nave desmontable y le pedirán el correspondiente proyecto, licencia y permisos, y les aseguramos desde PATEC que dará igual que sea desmontable o atornillada, la sanción la tendrán igualmente. Además la multa puede ser muy elevada si encima el suelo donde usted haya colocado su construcción provisional fuera de especial protección agraria.

Este mismo problema le pasa a las naves industriales desmontables aunque en este campo tradicionalmente el empresario está más experimentado, y no le logran colar tanto engaño, a decir verdad porque una nave industrial es más sencilla de encontrar por la Guardia Civil, o por la Policía Local, o por los inspectores de cada Ayuntamiento, y esta picaresca de vender naves desmontables industriales para teóricamente no necesitar licencia urbanística, ha pasado a mejor vida.

Recuerde que muchos anuncios indican naves prefabricadas precios bajos y sin necesidad de proyectos ni licencias, pero detrás sólo se esconde un afán por vender sin escrúpulos. En PATEC sin embargo pensamos que es más importante un correcto asesoramiento, con vistas a una colaboración más duradera a medio o largo plazo con el cliente, que una venta a corto plazo con engaño que a la larga nos pasaría factura.

 

LA DESLOCALIZACIÓN

España y los países que llamábamos “desarrollados” (hasta ahora), están sufriendo las consecuencias de sus propios actos.

¿Y de qué actos se trata?

Pues sencillamente la búsqueda y maximización de los beneficios de las empresas, que ha guiado a muchísimas de ellas a deslocalizar sus centros de producción, llevándolos a países donde los costes de mano de obra y normativas laborales eran muy inferiores a los de sus propios países de origen, logrando a corto plazo unos beneficios mucho mayores.

El problema es que este aumento de beneficios aumentaba la avidez por los mismos, cayendo en la avaricia, y bajando por tanto levemente los precios de los productos elaborados al comercializarlos en el primer mundo para así vender más.

Como consecuencia…, otros competidores del propios país desarrollado, destino de los productos, se veían obligados a tener que llevar también sus centros de producción a países con menores costes laborales, transformándose en un círculo vicioso, en un ciclo que se retroalimenta a sí mismo.

Este deterioro paulatino de los sistemas de producción de los primeros países, este desmantelamiento literal de fábricas y de centros de producción en países como por ejemplo España o Grecia, trae como consecuencia un enorme aumento de la tasa de paro, y como nueva consecuencia una bajada drástica del consumo. Una situación que nuevamente lleva a retroalimentar a la propia crisis, y a un empobrecimiento lento y paulatino de la población de clase media.

La solución a corto plazo consistiría en cerrar las fronteras a los productos fabricados en terceros países, si no respetan unos mínimos en cuanto a condiciones laborales de las personas empleadas para producirlos, y si no se les obliga a respetar las mismas normas que rigen en Europa sobre calidad de los productos y de respeto por el medio ambiente.

La hipocresía de los gobernantes es controlar las normas de calidad y de seguridad sólo de los productos “mediáticos” allí elaborados, pero no las normas laborales, de protección de la dignidad de las personas y del medio ambiente (todas ellas de mayor impacto en los beneficios que las de seguridad o calidad “televisivas”).

Descartado por tanto que los gobiernos de España y Europa vayan a intervenir, ¿Qué nos queda por hacer a los ciudadanos que sufrimos todas estas consecuencias?

La respuesta es clara. Empobrecernos en un primer momento y bajar nuestros salarios hasta que el coste del transporte desde estos países emergentes ya no sea tan interesante para los empresarios. Sólo de esta forma el tejido industrial y de producción volverá a regenerarse en España, por ejemplo (aunque no en pocos años).

¿Y qué podemos hacer en segundo lugar y a corto plazo para combatir esta invasión de los productos de bajo coste laboral?, pues claramente trabajar mucho más de lo que hasta ahora veníamos haciendo para mantener nuestro poder adquisitivo. Pasar de las 7 horas (reales) a las 10 ó 12 horas de trabajo efectivo, y para ello el único modelo posible es el de los americanos, es decir, prácticamente toda la población debe convertirse en autónoma, porque al autónomo nadie le regula sus horas de trabajo ni lo que debe cobrar por ello.

Además al ser autónomos, las horas que trabajemos quedan en nuestro propio beneficio, y la inteligencia que le pongamos para mejorar nuestros productos o servicios, quedan también en nuestro propio hogar, y no en las manos de los empresarios que nos contraten por cuenta ajena como asalariados.

 

En resumen y después de toda esta introducción, ¿Qué puede hacer el agricultor y ganadero de cara a un futuro inmediato?…, pues trabajar y trabajar mucho más de lo que ya hacía hasta ahora, aunque utilizando constantemente su sentido común y su inteligencia, es decir, pensando globalmente en la realidad de las necesidades de las diferentes poblaciones del planeta, y en los acontecimientos futuros que intuya puedan venir.

Por ejemplo:

1º.- El transporte de productos perecederos no es tan sencillo desde países subdesarrollados. Hay un deterioro de dichos productos elevado, y los medios de conservación refrigerados y empaquetado de los productos los encarecen. Sin embargo hay productos que sí se prestan a una transformación industrial y a un empaquetado duradero, por lo que debemos huir de su siembra.

2º.- Estos productos perecederos del tercer mundo tienen un problema de calidad frente a los producidos por nosotros, y hay que utilizarlo y resaltarlo como ventaja a la hora de vender los nuestros en España o Europa.

3º.- El transporte de ganado vivo por mar también tiene un sobrecoste por bienestar animal (instalaciones caras) y por pérdidas de animales durante el transporte por estrés (hasta 3 cambios en medios de transporte: Camión-barco-camión). Frente a estos problemas nosotros tenemos una ventaja importante que debemos aprovechar, y es que podemos criarlos muy cerca del lugar de consumo en buenas condiciones de bienestar animal.

4º.- Países en vías de desarrollo como Argentina o Brasil, han empezado a consumir ellos mismos carne de ternera, como consecuencia han dejado de exportar a los países árabes. Esta oportunidad debe aprovecharla España y exportar carne de vacuno a dichos países árabes.

5º.- China empieza a cambiar su dieta, y se espera que en los próximos años la carne se encarezca en todo el mundo porque no serán autosuficientes ni de lejos. Debemos por tanto posicionarnos e invertir en instalaciones industrializadas de producción de carne de cualquier tipo: Ave, cerdo, ternera, etc.

La deslocalización y el desarrollo de los países emergentes, tiene como consecuencia estas ventajas también para nosotros, por lo que debemos pensar en ellas y prever nuestro futuro como agricultor o ganadero.

Las naves en automontaje presentan o resumen muy bien todas estas ventajas competitivas en los tiempos actuales:

  • Menor coste de inversión en plena crisis económica.
  • Excedente de tiempo, o aumento de nuestras horas de trabajo, dedicados a su montaje.
  • Alternativamente, contratación de personas desempleadas (sin necesidad de especialización) para su montaje, y a unos costes mucho más bajos que hace unos años.
  • Mejora en resumen de nuestra explotación ganadera o agrícola de cara a un futuro cercano, un escenario que consistirá en un aumento de la exportación a Europa, a países árabes, a China, o incluso orientado al propio consumo de España, ya que la importación desde los países en vías de desarrollo va disminuyendo poco a poco debido a su propio aumento del consumo o del nivel de vida.
  • Ciertamente la única forma de competir contra otros compañeros agricultores o ganaderos es planteándonos nuestras explotaciones como explotaciones industriales para lograr un bajo coste y no como explotaciones agrarias clásicas. Hay que tecnificarse y modernizarse si queremos ser más competitivos que los demás competidores, tanto en calidad como en precios.

Como conclusión a este artículo, podemos afirmar que las naves galvanizadas atornilladas para automontaje, se presentan como una solución económica en la situación actual de crisis generalizada, y como muy competitivas de cara a un futuro cercano de aumento de ventas y exportaciones, todo ello siempre que nos modernicemos frente a otros agricultores y ganaderos más conservadores o más clásicos de nuestro entorno.

NAVES DESMONTABLES. FALSAS CREENCIAS y MITOS.

Todavía existe la creencia de que las naves desmontables o las “estructuras metalicas desmontables” son ideales para realizar nuestras construcciones sin tener que pedir licencias ni permisos…, nada más lejos de la realidad.

La Ley de Ordenación de la Edificación exige que todo tipo de construcciones, sean hechas en ciudades, pueblos, polígonos industriales o en el campo, deben tener un proyecto y una licencia en toda regla, con lo cual el técnico que obligatoriamente según la Ley hay que contratar, deberá encargarse y responsabilizarse de conocer cuál es la normativa urbanística y de construcción de la zona donde queremos construir nuestra nave agrícola, ganadera o industrial.

Hay muchas empresas que se dedican a vender “naves prefabricadas”, de “estructuras desmontables”, que no tienen ningún escrúpulo en engañar al agricultor o ganadero, haciéndole creer en su publicidad, que con sus “nave desmontable” no será necesario pedir ninguna licencia ni tener ningún proyecto.

Antiguamente había un mayor desconcierto y desregularización de las actividades empresariales, pero eso ha cambiado radicalmente, las administraciones locales y las haciendas públicas, en su afán recaudatorio que no de salvaguardar el medio ambiente, ya no son tan tontas como antes, y ante la proliferación de naves de “estructuras metálicas desmontables”, o “naves prefabricadas desmontables”, ha procedido a regularizar dichas construcciones como si se tratara de una “construcción de naves” normal y corriente, de las fijas o perennes. Hasta las comunidades autónomas ya regulan dichas instalaciones. No se deje engañar por los vendedores de humo.

Todo lo que dicen es falso y usted puede encontrarse con un verdadero problema si la Guardia Civil, el SEPRONA, detecta su “nave desmontable” sin que cuenta con los debidos permisos, licencias y proyecto, da igual que sea atornillada. Además la multa puede ser enorme si el suelo donde nos hayamos es de especial protección.

Lo mismo ocurre con las “naves industriales desmontables” aunque en este sector parece que el empresario lo tiene más claro, y no hay tanto engaño, seguramente porque una nave industrial es muy fácil de localizar por la Policía o Guardia Civil, y esta práctica de vender naves desmontables industriales para no pedir licencia, ha pasado a ser absurda.

Hay muchos anuncios que publicitan “naves prefabricadas precios” sin necesidad de proyectos ni licencias, como si esto fuera lo más importante a la hora de la venta de hoy, del presente, pero nosotros en www.patec.org pensamos que es mucho más importante un buen asesoramiento sensato y lógico para una colaboración mutua a medio y largo plazo.